Ya sé, por fin existes
En esa otra dimensión desconocida;
Como algún abejorro con las alas mugrientas.
Ya sé, no era la perfección
Que había soñado
Era la cura de la semilla muerta
La mano hecha semilla
Atravesando el pecho de la noche
Y volviendo a germinar.
Por fin existes
En el instante justo,
En la manera justa de lo incierto,
Donde caben todas las palabras y no cabe ninguna.
Pasas como el fantasma insulso
Que no desea pasar…
Pero queda atrapado por un piano
Por la llama de una hoguera que casi languidece.
Y continúa el ascenso
No era la perfección,
Por fin existes en esa otra levedad que desconozco.
Pero he logrado ver tus alas de abejorro
Encendidas y muertas,
Cuando volaste por fin hasta lo alto.
