I
Yo lo bebía en las tardes
con esa lentitud de los que marchan para siempre.
Yo disfrutaba de su antojo infantil…
de las ciudades
que a veces construía con suspiros.
Yo le prendía velas en los ojos
y lo echaba a volar.
Lo metía en un bolsillo por las noches.
y le cantaba un sueño.
Yo lo memoricé…
cambié las ciencias
que todo ya lo saben
por una de sus manos.
Yo lo vi sonreír
y vi a Dios a su lado…
con un arpa ingeniosa
con un fuego de liras
que me vistió de pronto.
Yo lo bebía en las tardes…
Todo el otoño no cabía en el vaso!
Yo lo tallé en papeles y rosarios
yo viví sin saber que estaba muerta.
Yo un día desperté
ya sin sus brazos…
y comencé a nacer.
